Durante el periodo de aislamiento puedes perder la sensación del paso del tiempo. Todos los días son lo mismo y quizá te cueste discernir lo que ocurre y cuando ocurre. Esto puede provocarte mucha confusión. Para combatirlo:
- ¡Asegúrate de que la gente que te rodea sabe dónde estás!
- ¿Hay un reloj en la habitación? Si no lo hay, pide uno o consigue que te lo traigan. Lo ideal sería que consiguieras un reloj que no haga tictac. A mi el incesante ruido de las agujas del reloj me acabó volviendo loco. Acabé arrancándolo de la pared y destrozándolo. Nunca más me molestó el ruido pero tampoco conseguí saber la hora.
- Trata de establecer algún tipo de rutina.
- Sube las persianas o corre las cortinas cuando te levantes, y ciérralas cuando te vayas a dormir. Estar en una habitación oscura puede desorientarte y hacerte confundir el día y la noche.
- Si te sientes con fuerza, levántate y vístete.
- Si tiene un teléfono, ¡genial! Averigua si tienes que pagar por las llamadas que realices. Si no realizas ninguna llamada, al menos puedes recibirlas y no te costará nada.
- Si no tienes un teléfono en tu habitación, díselo al personal. Es importante que puedas comunicarte con tus amigos y familia, y que mantengas el contacto con el mundo exterior. El personal debería entenderlo y con un poco de suerte te solucionaran el problema. Recuerda, si te organizas de esta manera, el próximo ocupante tendrá teléfono.
- Si tener tu propio teléfono se convierte en un problema, comprueba que haya un teléfono público que puedas utilizar. Seguro que hay algún teléfono con carrito en la sala, que se te pueda traer a la cama. Obviamente, esto complica el recibir llamadas. Pídele a los enfermeros que te den los mensajes y dales el número a tus amigos.
- Puedes intentar reorganizar los muebles de la habitación. Esto te ayudará a personalizarla y te puede brindar cierta sensación de control.
- Si tienes televisión en tu habitación, trata te ver los programas regulares como por ejemplo. las noticias. Éstos te servirán de reguladores temporales y te ayudarán a estructurar el día.
- En la mayoría de los hospitales siempre hay alguien que pasa vendiendo el periódico y revistas: asegúrate de que no te quedas fuera.
- Puede que acabes teniendo la sensación de que has perdido el control sobre muchos aspectos de tu vida, pero aún así puedes ejercer alguno de los derechos de los que todos disfrutamos. Si estás aislado, habrá señales de aviso en la puerta con instrucciones para la gente que quiera entrar. Haz una que diga: “Por favor llama antes de entrar”. Es la gran contradicción del aislamiento: se disfruta de poca privacidad. No hay nada peor que estar secándote tras una ducha, y que decidan limpiar la habitación en ese momento.
- Pide a alguien que te traiga algunos objetos personales de tu casa, por ejemplo pósters o fotos. Esto te ayudará a personalizar un sitio que de lo contrario sería una pequeña y austera celda.
- Escribe un diario, dibuja o haz algo que haga que el tiempo pase rápido y que resulte creativo. Es bueno sentir que estás creando algo.
- Algunas salas de aislamiento tienen una hervidora de agua y un frigorífico para que el ocupante pueda prepararse el té. No es agradable tener que pedir una taza de té cada vez que te apetezca. Si te sientes con fuerzas, te brinda un poco de independencia.
- Si eres fumador, como yo, y te permiten fumar (si estás en una sala de presión negativa no deberían oponerse), asegúrate de que tienes suficiente abastecimiento de cigarrillos. Es difícil pasar el día sin cigarros cuando nadie va a visitarte, y la sombra de la adicción te ronda.
- Si tienes que permanecer aislado por mucho tiempo, necesitarás ropa limpia. Pide a los enfermeros si pueden solucionarte el tema de lavarla. Normalmente hay sitios donde hacerlo. Cerciórate de que pones alguna marca identificativa en tu ropa para que te la puedan devolver.
- Si tienes espacio en la habitación, quizá te apetezca hacer un poco de ejercicio. Pregunta si puedes visitar al fisioterapeuta. Quizá éste te facilite un equipo y/o consejo. Yo tuve la suerte de descubrir la bicicleta estática. El aislamiento, agravado por la pérdida de peso provocada por la TB, acaba debilitándote los músculos. Trata de mantener cierto tono muscular.
- Pide que un psicólogo te atienda regularmente si tienes problemas con la combinación del aislamiento y los efectos secundarios. Es muy común sentir frustración, resentimiento y pérdida de control y seguramente puedan ayudarte a solucionarlo.
- Recuerda, estás bajo tratamiento. A veces puede resultar difícil, pero un periodo desagradable relativamente corto puede asegurarte una recuperación total.
- Trata de esforzarte por cuidar tu apariencia. Es importante para la autoestima y ocupa el tiempo.
- Las luces fluorescentes le provocan dolores de cabeza a mucha gente. No deberías tener problema en traerte una lamparilla o luces de casa.




